El rincón del Jinjolero

El rincón del Jinjolero

El rincón del jinjolero

Es uno de los pequeños oasis del barrio de San Gervasio, de la ciudad de Barcelona, y lo conocí cuando todavía no era un oasis y casi por azar. No sé qué quería comprar y fui a una tienda de la calle Arimón, muy cercana a la plaza de Frederic Soler, también llamada de Joaquim Folguera, donde está el mercado municipal de San Gervasio.

En la tienda en cuestión no había lo que yo buscaba, pero me preguntaron si quería firmar un escrito en defensa del Jinjolero. Miré hacia el otro lado de la calle y vi un árbol más bien desgarbado en medio de un terreno yermo y situado entre dos edificios de pisos. Entendí que los propietarios del terreno querían edificar en él y esto significaba talar el árbol.

Pero había gente en el barrio que quería salvar aquel jinjolero, que también se llama azufaifo y recogían firmas para conseguir que el Ayuntamiento de la ciudad lo protegiera y le permitiera continuar con vida.

Los dos jinjoleros de la calle Arimon-Sant Gervasi-Barcelona

Me di la vuelta para mirar de nuevo el pobre jinjolero, al que vi desamparado en aquel baldío y me acordé de un dicho catalán: està més content que un gínjol, que podríamos traducir literalmente por “está más contento que un jinjolero”. Nunca he sabido qué quería decir exactamente esta frase, pero pensé que aquel jinjolero no podía estar contento de ninguna manera, en medio de aquel pequeño descampado y amenazado de muerte.

Firmé la carta que la vendedora me enseñaba y de cuando en cuando pasaba por aquella calle para ver si la situación había cambiado. Pero iban pasando los meses y yo no detectaba ningún cambio aparente. La situación era triste y yo pensaba: los gínjols (los frutos del jinjolero) no podían estar contentos en absoluto.

No obstante, al cabo de un tiempo, un vecino del barrio, Salvador Forasté, que regentaba cerca de allí la librería Xoroi (actualmente La casa de la Paraula), me dijo que la situación se había resuelto: el Ayuntamiento había comprado el terreno y también el contiguo, donde se instalaría el nuevo centro de servicios sociales de Sarriá y San Gervasio, y que el jinjolero se conservaría y se adecentaría de alguna manera su espacio, que quedaría en cierta medida integrado al del centro municipal. También me dijo el nombre de la persona que había liderado el movimiento de rescate del jinjolero; se llamaba Isabel Núñez.

Pasó bastante tiempo y un día volví. La situación había cambiado radicalmente. El lugar que presidía el jinjolero se había limpiado y era ahora un rincón acogedor. Lo acompañaba un jinjolero más pequeño, que yo no había visto anteriormente, y la pared de la casa de al lado había sido limpiada y repintada de una forma bastante natural e incluso con un tono algo rústico y acogía una sencilla decoración basada en dichos sobre los jinjolero, generalmente extraídos de textos de escritores catalanes, así como una referencia al catálogo de árboles de interés local del Ayuntamiento de Barcelona que identifica a este jinjolero como uno de sus miembros. 

 

jinjolero grande en primavera-barrio de Sant Gervasi-Barcelona

Me impactó esta vez la inclinación del jinjolero grande, como si quisiera salir a la calle y gritar: -¡Socorro! -¡Ayudadme!, recordando sus años de sufrimiento. Felizmente lo había conseguido y ahora, desde su lugar, saludaba a los transeúntes.

Últimamente voy a menudo a este lugar. Está relativamente cerca de donde vivo e ir allí me motiva para iniciar las caminatas que los profesionales sanitarios me recomendaron hace un año y pico. Es un lugar donde me siento bien. Quizás el espacio es algo pequeño y no cabe en él ningún banco para contemplar cómodamente los jinjoleros, pero tampoco es imprescindible para admirarlos y comunicarnos con ellos. Ver estos dos árboles rescatados de la presión inmobiliaria y de su probable muerte a corto plazo, me reconforta.

Jinjolero desde calle Arimon-Sant Gervasi-Barcelona-primavera

Es, en especial el grande, un resiliente. Según el catálogo de árboles de interés local del Ayuntamiento, él tiene, por lo menos, ciento sesenta años. Representa para mí la permanencia, el arraigo a la tierra, la voluntad de seguir siendo, y también la voluntad de lucha de un barrio y de una activista social, Isabel Núñez, para conservar lo que tiene de bueno y de vital el territorio y de mantener su legado histórico.

El jinjolero de la calle Arimón me ha llevado también a conocer un poco la trayectoria de Isabel Núñez, la mujer, la vecina y la escritora que inició y culminó la tarea de reivindicarlo y de rescatarlo de su difícil situación. ¡Gracias, Isabel! Gracias a ti el rincón del jinjolero es hoy un espacio amado por el barrio y protegido por el ayuntamiento de la Ciudad Condal.

Ver estos dos árboles rescatados de la presión inmobiliaria y de su probable muerte a corto plazo, me reconforta. Es, en especial el grande, un resiliente.

PD:

Este escrito se complementa con una Galería de Fotos homónima. Desde aquí puedes acceder a ver las imágenes

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