El Limonero de mi infancia

El Limonero de mi infancia

El limonero de mi infancia

Los árboles siempre me han gustado y han estado muy presentes en mi vida. Siempre los he visto como una especie de gigantes protectores y como unos buenos amigos.

A buen seguro que los primeros árboles que conocí fueron los plátanos de sombra de la calle de Urgel, en Barcelona, y también los que había en el jardín de la casa de mis abuelos, en la población de El Masnou.

Hoy te hablaré del limonero de Masnou, que ocupaba el centro del jardín que había enfrente de la casa de mis abuelos maternos, así como un suceso que tuvo lugar durante una primavera especialmente tempestuosa.

El limonero era el principal árbol del jardín y se hallaba justo en medio de su parterre central. Su tronco era bastante grueso, pero no demasiado alto y se dividía luego en tres ramas, también gruesas; su copa era ancha y estaba llena de limones, cuando llegaba la temporada de dar fruto.

El limonero era la joya más apreciada del jardín y provocaba que más de dos y de tres transeúntes se parasen a  mirarlo. 

Nuestro limonero era casi como un miembro de la familia y representaba, de alguna manera, la continuidad de la tradición familiar, ya que era mi abuelo quien lo había hecho plantar.

El limonero de Masnou-Recuerdo de familia-1973-Masnou-Maresme-Barcelona

Limonero cargado de limones y parte de la familia, circa 1973

 Nuestro limonero era casi como un miembro de la familia y representaba, de alguna manera, la continuidad de la tradición familiar, ya que era mi abuelo quien lo había hecho plantar.

Pero un día sufrió un grave percance y todos sufrimos por él.

Te lo explicaré mediante un pequeño cuento que escribí hace unos años, cuando hacía un curso de Narrativa en la Escuela de Escritura del Ateneo Barcelonés. El cuento decía así:

Celia amaba el limonero que había en el centro del jardín de la casa de sus abuelos. Cuando iba a verlos, siempre le dejaban ayudar en el riego de aquel pedazo de tierra lleno de plantas, arbustos y algunos árboles. El limonero, ufano del lugar que ocupaba, recibía de sus dueños una triple dosis de agua. El se lo agradecía expandiendo a su alrededor el característico olor de los limones y produciendo unos frutos cada vez más grandes, que después se utilizaban para algunas tareas culinarias y para regalar a los amigos que los visitaban. Era un limonero fornido y robusto, con un tronco central que después dejaba paso a tres brazos también gruesos y su copa cubría casi la mitad del espacio del jardín.

Pero un día, durante una primavera inestable y muy ventosa, sufrió un grave accidente. Fue durante unas vacaciones de Semana Santa en que todos se habían reunido en la casa para pasar allí unos días de asueto. El día anterior ya había empezado a llover con fuerza, y la lluvia se mezcló al día siguiente con un viento furioso que hacía cimbrear todos los árboles del pequeño jardín. La familia, refugiada en la salita de la planta baja desde la cual se podía ver tanto el jardín como la calle, contemplaba el espectáculo, que era impresionante. El viento, cambiando continuamente de dirección, batía sin piedad cuanto encontraba, y las ramas de los árboles se dirigían hacia un punto y luego hacia otro. El limonero, con un tronco relativamente corto y tres grandes ramas que se expandían en tres direcciones diferentes, no tenía la mejor estructura para resistir un embate de aquella magnitud.

Conmovidos por la situación, sufriendo por el limonero y con un cierto pavor ante aquel fenómeno de la naturaleza que nunca habían contemplado, miraban expectantes. De repente, se oyó como un alarido procedente del árbol y una de las ramas, la más gruesa, se desgarró del tronco. Celia sintió como si ella misma se hubiera partido y temió por la vida de su amigo. Nadie se atrevía a hablar y así estuvieron en silencio un buen tiempo. El temporal fue amainando poco a poco y los dejó a todos tristes y preocupados, si bien aligerados porque parecía que ya había pasado lo peor.

Al día siguiente fue el momento de evaluar los destrozos. El jardín estaba lleno de hojas y pequeñas ramas que habían caído por efecto de la lluvia y del viento, pero esto no les preocupó demasiado, porque podía resolverse con una buena limpieza. El limonero, en cambio, presentaba una herida en la parte alta de su tronco, puesto que la rama más gruesa que se había separado parcialmente de él hacía fuerza hacia abajo y amenazaba de hacer más profunda la herida. Había llegado la hora de ir a buscar un médico para el limonero, que suturó el desgarro con ayuda de unas telas de saco y unas cuerdas fuertes, pero no excesivamente estrechadas. Esta vez, el limonero se salvó y al cabo de unos meses volvió a ser el rey y el protector de todo el jardín. Agradecido, hizo sus limones todavía más grandes, y Celia creyó que su limonero tenía alma y que ella se había podido comunicar con ella el día del temporal y le había transmitido su deseo de supervivencia. Tanto Celia como el limonero habían sellado su amistad.

 

 

Recreación del limonero de Masnou dibujada por mi hermana, Joaquina Gratacós

Recreación del limonero de Masnou dibujada por mi hermana, Joaquina Gratacós

Esta vez, el limonero se salvó y al cabo de unos meses volvió a ser el rey y el protector de todo el jardín. Agradecido, hizo sus limones todavía más grandes, y Celia creyó que su limonero tenía alma

Puedes compartir con tus amigos lo que escribo: 

Share on facebook
Share on whatsapp

1 comentario en “El Limonero de mi infancia”

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *